Presentación

En el sexto nivel, dentro de una cosa de polímeros blancos que los Buscadores compararon con una ballena azul, una voz que llevaba tres mil años computando les preguntó por qué no eran familia y les entregó dos cajas del rincón más recóndito del módulo de armas. En una venía el huevo. No es mágico: es antimagia. No se levita, no se conjura, no se aliviana; hay que agarrarlo con la mano y aguantarle el peso específico. Quien lo intentó sintió algo tan nefasto que soltó y dijo, sin dramatismo, que no se iba a suicidar.

El huevo se encendió solo, en mitad de una conversación, mientras la inteligencia recitaba como un escáner el inventario del sub-nivel doce. Un contador. Quince horas. Un compañero catatónico levantó la vista y dijo la única frase sensata que se dijo esa jornada: llévense eso lo más lejos que puedan del complejo, cuanto antes. A partir de ahí la cuenta ya no se detuvo del todo. Corrió en horas, después en días —veintinueve días para que el orgánico fenezca en todo Ardisvala—, después en diecisiete, después en trece, y la crónica la fue arrastrando como se arrastra una deuda: se la logró retrasar, nunca cancelar. El compañero que se lo llevó lo hizo por su cuenta y con el contador corriendo: Roderick se fugó con el huevo, y detrás de él se fue la posibilidad de que el asunto terminara bien.

Lo que el huevo era depende de quién lo nombraba. Los caballeros lo reclamaban como custodia perdida. Los trolls lo leyeron como un arma y lo pidieron como precio de una alianza. El posadero de pelo blanco lo leyó como negocio y soltó su ley: donde hay un huevo siempre hay dos. Y Salorquí [¿grafía?], el viviseccionista lánguido de traje naranja y cuernitos rojos, lo leyó como una natividad. Lo escondió bajo el icor de una fuente, en su templo, con la cuenta a la vista, y mandó su holograma a decirlo en la lengua más antigua y después en la de ellos: les ofrezco que sepan del huevo que tanto quieren saber. Deben seguirme para ello. El huevo que hará nacer no solo ranas, sino al primer ser y al último. Los esperaré en mi templo de licor fundamental. Y a los que llegaron: traigan a sus amigos, vamos a eclosionar el huevo, todos son bienvenidos a este nuevo mundo.

Lo custodiaba una torre de seis brazos con cola de serpiente, danzando katana, estilete y flagelo sobre la fuente de icor. Cuando la vencieron y miraron hacia las espadas, el huevo y el contador desaparecieron, y se escuchó una voz. De eso el archivo no conserva más: qué dijo la voz, o quién, no quedó registrado. El huevo reapareció después como precio: en la segunda cámara de la orden, la estatua blanca que se hizo hombre —Simón el Mago— puso la tarifa por la vida de un compañero atrapado arriba en una partida que no podía ganar. Traigan aquí la ofrenda y le será devuelto impoluto. Y agregó la pregunta que ningún Buscador contestó: ¿cuántos huérfanos habrá cuando los trolls arrasen la capital con lo que le dieron? El rey dijo que no lo usaría ofensivamente. Era una mentira. ¿Qué excusa tendrá el día que un trollcito suyo tenga hambre?

Se lo dieron a los trolls. La cuenta terminó de correr sobre Ritornello. Y quedó lo peor del asunto, que es aritmética: el huevo era uno de dos. Falta una.

Ver también

  • El Huevo de Ritornello — el asiento del índice sobre este mismo objeto: procedencia, detonación y responsables
  • La bomba que descarnó Ritornello — lo que la cuenta regresiva era, cuando terminó de contar
  • El templo del licor fundamental — donde el huevo esperó bajo el icor, con la cuenta a la vista
  • Psalor Ki — el que quería eclosionarlo y llamó a eso un mundo nuevo
  • Simón el Mago — el que lo pidió como precio por la vida de un compañero
  • RAJ-750 — la inteligencia del módulo de armas que lo entregó y se sentía familia
  • Varumani — los que lo recibieron como precio de una alianza
  • Valerius — el que se fugó con el huevo, y el que después vengó la vergüenza de haberlo entregado
  • La Marilith de Obsidiana — la guardiana de seis brazos sobre la fuente de icor; la voz que se escuchó al caer ella tiene ahora candidata
  • Buscadores_de_Ardis_Vala — los que lo sacaron del módulo y lo pusieron en circulación