
“El propio archivillano, amnésico y mutilado, escribe tabletas bilingües —su Biblia— para que cualquier versión futura de sí mismo pueda recordar.” — Las Dieciséis Posiciones del Juego, posición Φ15
Presentación
Las Tabletas del Caos son la reliquia mayor que la leyenda del valle atribuye a Nergal, el dios de la muerte cuyos ritos duermen bajo los túmulos del Barrowmaze. El cronista oral fluctúa entre la tableta y las tabletas; el tratado doctrinal las nombra en plural, y el archivo del Plata no fija su naturaleza material —piedra grabada, sucesión de piezas, contenido astral— más allá de lo que la entrada del encargo conserva (cf. Tableta_del_Caos). Lo que el archivo sí conserva, con la firmeza de lo muchas veces repetido, es la leyenda.
La leyenda dice así: Nergal, señor del mundo inferior, vio en visión que sus hijos Orcus y Set habrían de deponerlo. Antes de que la visión se cumpliera, ordenó a sus fieles más leales tomar su reliquia más poderosa —las Tabletas— y sepultarla en lo hondo de los túmulos, detrás de muchas trampas. Los hijos lo derrocaron y se trabaron en guerra por el trono del mundo inferior; cada bando, desde entonces, manda fuerzas al Barrowmaze a buscar lo que el padre escondió. Y el rumor más viejo de Helix completa el cuadro: si los muertos de los túmulos no terminan de quedarse quietos, es porque algo los llama desde abajo. La voz sepultada del dios, dicen, todavía convoca a los suyos.
La Tableta del Deseo
Una vez, la reliquia —o una astilla suelta de ella— se dejó tocar. En un cuarto abierto de los túmulos apareció una tableta suelta; un compañero leyó la runa e invocó al espíritu del deseo. La compañía estaba destrozada —los que quedaban en pie apenas se sostenían, y varios cargaban daños que ningún descanso curaba— y el que leyó pidió la recuperación de todos: y todos se rehicieron, los cuerpos rotos y lo que parecía perdido para siempre. El archivo conserva la sentencia que quedó flotando sobre ese cuarto: “esa es la magia más poderosa que hay; estás agarrando y cambiando la realidad… te miró el abismo al otro lado, pero te dijo: podés pedir lo que quieras”.
El precio de ese regalo se pagó en cuotas y lo pagaron otros. El deseo gastado en los túmulos es el precedente exacto del que Silas quiso pronunciar sobre el altar y no le dejaron —“deseo saber la sala de la Tableta del Caos”—, y del debate que la compañía tuvo y perdió: teniendo deseos en la mano, no los gastaron ni en hallar las Tabletas ni en levantar a sus muertos. Los doctos anotan además dos dichos que rodean a la reliquia como moscas: que las tabletas lindan con espejos de obsidiana y con “el fin de la civilización”; y que lo que el Abad buscaba era una tableta también —el pastor de Helix y el brujo que ejecutó sobre el altar corrían, quizá, detrás del mismo tipo de piedra—.
El tratado reconstruido del Juego de las Sombras lee en las Tabletas otra cosa que un arma escondida: la posición del depósito archivístico. El dios que iba a perder el trono, el cuerpo y la memoria no enterró un tesoro — archivó su memoria: escribió su Biblia para que cualquier versión futura de sí mismo pudiera recordar quién fue. La lectura se sostiene en lo hallado: el grupo del santuario de Helix encontró en los túmulos un obelisco que despliega los ritos oscuros de la fe de Nergal en cuatro lenguas —la Lengua Negra, la élfica, la enana y el común antiguo—, piedra Rosetta de esa escritura sepulcral; uno de los compañeros copió las cuatro caras y se dio al estudio de la Lengua Negra. Y un espíritu encapuchado que los rumores asocian al dios depuesto ya ensayó el mito sobre los vivos: indujo a dos compañeros a repetir sobre un tercero el gesto de Set y Orcus sobre el padre. El dios que archiva, anota el cronista, también relee.
Al cierre del ciclo presente las Tabletas siguen sepultadas, urgidas y ausentes. El Abad de Helix mantiene corriendo su fórmula —“vuelvan con las tabletas o no vuelvan”—; el brujo Silas murió sobre el altar con la pregunta por su ubicación en la boca, y el demonio Quasi, que ofreció esa ubicación en pacto, sigue libre y sigue sabiendo. Los doctos del archivo sospechan, además, que las Tabletas pesan en el platillo oscuro del equilibrio que el Ludus_Umbrarum describe —la oscuridad, el plano negativo, los muertos que no descansan—, y dejan abierta la hipótesis de su eco con el mundo-gema Vala_Cristalis. [Donde otros dioses caídos dejan ruinas, éste dejó un texto con destinatario. El archivero anota la diferencia con respeto profesional: es exactamente lo que hace este archivo. —Anot. del cronista del Plata.]
Vínculos
- Tableta_del_Caos — la entrada del encargo: el plazo del Abad, el deseo interrumpido, lo que queda abierto
- Barrowmaze — el campo de túmulos donde la leyenda las sepulta
- Helix — la aldea desde donde se las busca
- El_Abad_de_Helix — el que mantenía corriendo la fórmula del cuervo; lo que él buscaba “es una tableta también”
- Orcus — hijo deponente, señor de los muertos que no descansan
- Set — el otro hijo deponente; eco del dios maldito que el archivo conoce en otros teatros
- Silas_del_Umbral — murió pidiendo la ubicación de las Tabletas sobre el altar
- Quasi_demonio_menor — ofreció esa ubicación en pacto y sigue libre
- Las_Dieciseis_Posiciones — el tratado que las lee como depósito archivístico (posición Φ15)
- Ludus_Umbrarum — el equilibrio de sombra en cuyo platillo pesan
- Buscadores_de_Ardis_Vala — la compañía del norte que marcha hacia los mismos túmulos
- Pacto_de_los_Nobeliares_NOV — Belial se manifestó sobre la calavera del “que tuvo las tablas del caos”
- Los_Condenados — los que dejaron las Tabletas sepultadas y bajaron a pagar otras deudas
- Vala_Cristalis — hipótesis abierta de eco cosmológico