Presentación

Nota de homonimia (2026-07-11). Esta ficha es Ludovico Moroni, el enano panadero anarquista de Los Profundos (Antiterra, 1888). No confundir con Ludovico el Moro —el Sforza del arco italiano de las Ciudades Invisibles, revelado como avatar disminuido de Graz’zt (mano de seis dedos como firma), que bautiza a Ananta “Leonardo Da Vinci” y cuya esposa Beatrice d’Este fue host de Malcantete—: son figuras distintas. El arco italiano de Ludovico el Moro carece hoy de ficha propia; su materia está en el consolidado CI y en la ficha de Graz’zt. (Señalado por el orquestador para crear Ludovico_el_Moro.md aparte.)

Enano panadero, anarquista extremo. Italiano de nacimiento, vivió en Argentina, desarrolló actividades revoltosas en la Península Ibérica. Discípulo intelectual de Malatesta. Lleva boina o gorro de cocinero y un palo de amasar como arma. Sus bombas están camufladas como facturas: bolas de fraile, vigilantes y otras masas son explosivos disfrazados.

Su función narrativa es la del escéptico ideológico. Está convencido de que la única libertad existe en la explosión del impulso. Cuando el grupo llega a la Atlántida y descubre que es un reino justo y no tiránico, Ludovico no puede conciliar su cosmovisión anarquista con la evidencia de un gobierno legítimo. Se lastima a sí mismo con una granada y queda fuera de juego. Es la víctima literal de la ironía temática del relato.

En el viaje marítimo propone convertir la nave en pirata y amenaza a quienes no acepten.

La inmolación (la crónica de la gesta)

El registro de mesa conserva la escena con su ironía intacta. Ludovico —un metro de panadero con boina, cara “cristona” con lentes, delantal y escopeta; fabricante de galletitas mágicas “cómeme” que agrandan o achican, armado con un enorme palo de amasar de borde metálico con el que batea gólems “como pelotas de cricket”— acaba de ayudar a que los huevos de dragón lleguen sanos al reino más hermoso que ha visto. En la gran plaza de la pirámide de cristal, un capitán de la guardia, Mirko, le tiende la mano y comenta, amable: “aquí también hay Estado — siempre que hay sociedad, hay Estado.”

Ludovico responde con su credo — “yo soy la sociedad contra el Estado, el guiño a Clastres, su autor favorito — y hace lo más anarquista que puede hacerse: se come una de sus propias bombas, al grito de “¡Viva la anarquía!”, cuidando (detalle que lo pinta entero) de dirigir el estallido solo hacia sí mismo, para no herir a los buenos. La explosión le vuela la mandíbula; sobrevive de milagro, en un charco de sangre, mientras los atlantes —que no entienden por qué el hombrecito se suicidó— lo juzgan un gesto cobarde. Ninguna tortura del enemigo lo tumbó: lo tumbó la evidencia de un gobierno justo.

La carta del tullido. Su despedida está en el archivo: sesiones después, al abrir un cofre del botín, el grupo no encuentra tesoro sino una carta de Ludovico. No murió, pero quedó deshecho: ya no puede leer, escribir ni oír; teme que su voz suene horrible; alguien le toca los labios ardidos y le indica, con un dedo de metal, que se calle. Y aun así la carta repite el lema — “Soy la sociedad contra el Estado. Viva la anarquía.” — y se despide sabiendo que quizá nunca vuelvan a estar cerca. Los Profundos lo lloran a su modo: “ojalá se pueda ser anarquista con dirección, y no ir ciego por el camino de la destrucción.” Su familia —españoles empobrecidos, emigrados— queda varada en el circo Carnival, entre carpas sobre el pantano, sin que la gesta llegue a rescatarla.

Adenda 2026-07-11 — Deslinde de Ariel (ratificado)

El registro de mesa alterna a veces los nombres «Ludovico» y «Ariel», al punto de dejar la duda de si eran una sola figura con dos nombres. La consolidación de 2026 lo ratifica: son dos personajes diegéticos distintos, encarnaciones de una misma mano. Ludovico Moroni es el gnomo/enano alquimista-panadero anarquista de estas líneas —el del palo de amasar, las galletitas «cómeme», la inmolación «¡Viva la anarquía!» y la carta del tullido—; Ariel es el atlante espadachín-paladín exiliado por copa, «las plumas de la flecha», que parte a Alejandría con Matt. La escena de la gesta en que ambos aparecen activos por separado —Ariel en combate mientras Ludovico, ya tullido, escribe su carta— confirma el deslinde.

Notas

No continúa después de la fase fundacional: se autolesiona con la bomba y además coincide con el cambio de dirección ( → ). No aparece en la lista de miembros de Los Profundos del GLOSARIO actual ni en Sucesos de Antiterra. La crónica de mesa lo apellida Moroni y le da una segunda vida documental: la carta del cofre.

Casas del ciclo · ⛓ El enano panadero de las bombas-factura entró al Los Profundos como miembro fundacional y la banda lo expulsó del propio nombre: cuando descubre que la Atlántida es un reino justo, su anarquismo no resiste la evidencia y se autolesiona con una granada. La sigla colectiva sigue; él se borra de la lista. La banda dura más que el integrante. — glosa de Sucesos.