Presentación

Sátiro de 300 años. Guardián de la isla donde se encuentra la entrada a la Atlántida. Dialoga con el grupo cuando desembarcan y les señala particularidades del paraje.

La crónica de la gesta le da voz y astucia. Un fauno del primer mundo feérico, curtido por el sol, de cuernos grandes y moral ajena a la humana, que se presenta con dos nombres —Citar primero, Sati después; el juego de palabras sátiro/sitar es suyo— y una declaración que vale por toda la isla: “él ES la isla.” Ahí, dice, no hay gobierno ni rey (aunque luego admite que sí hay un rey): una suerte de paraíso sin Estado que hace suspirar a los anarquistas — Ludovico lo declara, entusiasmado, “paraíso del no gobierno”.

Su guardianía es activa: advierte al grupo que no se adentre (“he visto muchas pérdidas”), y cuando lo desobedecen y matan a sus gólems-leones, convoca un albatros gigante que arrebata el cofre de los huevos en el aire — su grito quedó en el archivo: “¡Dejen de lastimar a las criaturas de la isla!” Hecha la paz, acompaña el descenso por el tubo de cristal —“cuando lo abatamos, se liberará ella”, dice del demonio que posee a Karina— y sugestiona guardias atlantes con la voz de quien lleva tres siglos convenciendo al viento.

Notas

Función liminar: es el guardián del umbral entre el mundo de superficie y el reino subacuático — pero un umbral con carácter, que primero engaña con el nombre, después castiga con el pájaro, y al final abre la puerta él mismo.