Presentación

Durante casi toda la gesta el mundo no tuvo nombre: era simplemente acá, el lugar donde se vive — una ciudad de acero caída a orillas de un lago, en el año 1987, con sus pandillas, su fundación biotecnológica y su desaparecido. Nadie preguntaba de qué mundo se trataba, porque nadie sospechaba que hubiera pregunta. El nombre llegó tarde, y llegó como una corrección.

Fue en el domo de la linterna de llama ámbar, cuando a Glob le pasaron una caracola como si fuera un teléfono y ante él flotó, rojo en un espacio infinito, el signo del OM. Miró y dijo: «Veo un mundo y me confundo. No era Terra ni Antiterra, sino solamente… Terra Nova. Buen nombre para este mundo.» Ahí quedó nombrada la cosa desde adentro. No era el mundo de siempre ni el mundo espejo: era el tercero, el que quedó cuando los otros dos dejaron de estar.

Porque los otros dos dejaron de estar. La franja de destrucción los tragó a ambos — Terra y Antiterra, el mundo y su gemelo distinto-pero-igual, tragados juntos. Terra Nova es lo que hubo después: no un mundo nuevo en el sentido de intacto, sino una síntesis, el sedimento de dos mundos derrumbados uno sobre otro. De ahí que todo en él esté a la vez de más y de menos; de ahí que la magia antigua se cruce con la modernidad como si nunca hubieran estado separadas; de ahí que Clara Kling dijera, sin explicarlo, que «la realidad está incompleta».

La cicatriz de esa costura tiene coordenada exacta y está bajo tierra. Entre las seis puertas de la Montaña de Hierro hay una que da a Siberia, 1919, apenas después de la Revolución, todavía en el Terror Blanco: y de esa puerta se dice que muestra qué pasó en la Tierra una vez que Terra y Antiterra colapsaron en una sola. El portal de 1919 no es una época más de la serie: es el punto donde se hizo la sutura. Quien lo cruce no viaja a otro tiempo — vuelve al momento en que este mundo empezó a ser este mundo. Que Gary, Indiana esté construida encima de esa puerta, sobre viejas líneas de hierro que los nativos conocían y otros conocieron antes que ellos, no es casualidad ninguna: la ciudad de acero se levantó justo sobre la juntura. Terra Nova es el nombre del mundo, y también el nombre de la herida.

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