
Con el dolor puesto como se ponen las coronas: no encima, sino en lugar de la cabeza entera.
Sobre la tumba removida, con el duelo puesto como corona y el pelo y las ropas derivando como bajo el agua. La cadena le sale del cuerpo y baja a lo hondo — la mano la dibujó tirante, no floja. Al pie, la hilera de margaritas imposibles. El rostro quedó sin hacer, y así debe quedar: nombrarla sería resolverla.
Presentación
Se manifestó sobre una tumba removida, en el jardín helado del templo del Hielo, cuando los compañeros de la gesta viva mataron a la cosa que lo profanaba: una figura azulada, de mujer, translúcida, con el pelo y las ropas moviéndose como bajo el agua. Sobre la tierra de la tumba — la de un sacerdote viejo, enterrado a las apuradas por manos piadosas — crecían margaritas en fila, imposibles en ese frío, como una línea de otro tiempo que el invierno no se animó a cortar.
No dijo nada. Ninguno de los testigos dirá nunca que dijo algo. Pero todos a la vez sintieron en el pecho una gratitud que no era de ellos — un agradecimiento antiguo, enorme, desproporcionado —, y todos a la vez vieron la cadena: nacía de su cuerpo y corría hacia abajo, tensa, sonando apenas, perdiéndose en la tierra del templo. Hacia el mismo abajo del que sube, cuando el viento afloja, el aullido.
Los que la vieron se impresionaron más de lo que el peligro justificaba — como cuando un rostro nos debe un nombre y no termina de pagarlo. Hay figuras así en la Rueda: señoras antiguas del dolor, candidatas a tronos que nadie envidia, sufridas cuyo espíritu tampoco descansa. Quien quiera pensar en la Dama del Dolor y en las que estuvieron cerca de serlo, piense; el archivo no dictamina, porque los testigos no pudieron nombrarla — y esta crónica ha aprendido a respetar lo que no se deja nombrar.
Antes de disiparse, señaló el templo. Y la gratitud, o la cadena, dejó en los testigos una certeza sencilla y terrible: ahí abajo espera su relevo.
Vínculos
- El templo de Ashtar del Hielo — su tumba, su jardín, sus margaritas
- La Dama del Dolor — el trono que nadie envidia; el archivo anota la resonancia sin afirmarla
- SOGOL — la ciudad cuyas versiones de calle también hablan de una que dejó de ser
- Lucio — el heredero del templo bajo el cual corre su cadena
Apariciones
- Gesta viva de Sogol, primera jornada — la manifestación sobre la tumba; la gratitud; la cadena; el gesto hacia el templo.
Casas del ciclo · ♓ ⛓ Hay muertas que piden venganza y muertas que piden misa; esta pidió algo peor: dio las gracias. Una señora azul con el dolor por corona, margaritas creciendo en fila sobre su tumba como una línea de otro tiempo, y una cadena que baja hacia lo que aúlla. El archivo no la nombra — no por prudencia, sino porque los testigos no pudieron, y hay imposibilidades que son información. — glosa del Decadiano.