A las catástrofes se les pone nombre de lo que dejan. Ésta no dejó fuego, ni escombros, ni cuerpos. Dejó ceniza — y una manera de decir que no nombra, porque nombrar era demasiado.

La mano eligió el único punto de vista honesto: desde la casa. Una familia en el umbral de una granja, detenida a mitad de la tarea, mirando hacia el valle — lo hacen todos los días y no se acostumbran. Allá lejos, bajo el cielo pálido, la ausencia con forma de ciudad y el borde bajo del cráter tomando la luz; entre medio, los campos recuperándose a manchones. Ni fuego, ni humo, ni monstruo: un paisaje común con una herida que no puede digerir.

Presentación

«Lo de las cenizas» es como el valle del Barrado Balacán llama —quince años después, todavía sin animarse a más— al día en que Ritornello dejó de estar. No dicen «la destrucción», no dicen «la bomba»: dicen lo de las cenizas, con el artículo neutro de las cosas que no se miran de frente.

Lo que se sabe se cuenta rápido y duele largo. El Huevo —arma cosmológica salida de un módulo de armas rudishva, operada en coordinación con la inteligencia del Beacon— fue llevado en la libélula bomba hasta la ciudad de las sesenta cúpulas, cabecera del camino imperial, y la sustrajo. Los que estudian la ruina insisten en el matiz, porque el matiz es el horror: la ciudad no fue demolida — fue desconectada. Quedó la ceniza cubriéndolo todo como nieve sucia, quedó el camino imperial cruzando en línea recta hacia un arco que ya no lleva a ninguna parte, y quedaron cuatro mil desvanecidos: ni muertos ni idos. Desvanecidos.

El valle entero se quebró con ella. La grieta que se abrió esa jornada tragó el castillo Balmora —hoy la Ciudadela_Sin_Sol—, los caminos imperiales se rompieron, y Valdemora pasó de aldea agrícola a bastión de sobrevivientes. La responsabilidad se reparte en capas que nadie termina de ordenar: Kerbog_Khan operó el arma; los Buscadores habían entregado el Huevo a otra facción como prenda de alianza, para tener espaldas en su guerra contra los Caballeros de la Cicatriz del Sol; y la facción que lo recibió tomó una decisión drástica con una justificación que todavía se discute. La cadena del desastre tiene demasiados eslabones para que uno solo cargue la culpa — y por eso la carga el nombre: lo de las cenizas es de todos.

La ceniza como firma

El archivo anota, sin volverla doctrina, que la ceniza se repite en las costuras de este ciclo como se repite un sello. La ceniza que cubrió Ritornello. La ceniza que baja mezclada con la nieve en el país del hielo ardiente — el Gehena mezclado al que hoy asoma una puerta de Sogol. Y el dios cuyo nombre se dice bajito, Ashtarel que nos dejó algo, de las cenizas. El cronista no afirma que sean la misma ceniza. Afirma que el cosmos, cuando quiere que algo no se olvide, lo escribe siempre con el mismo polvo.

Vínculos

Apariciones

  • Gesta de Ardis_Vala — el regreso tras el Hiato: el valle quince años después, contado por los que se quedaron.

Casas del ciclo · 🌋 🕯 Quince años y el valle todavía dice «lo de las cenizas» como quien esquiva un pozo en un camino oscuro. Cuatro mil desvanecidos no dejan deudos: dejan preguntas con forma de gente. Y la ceniza, que en este cosmos nunca es solo ceniza, siguió viajando — a un país donde nieva gris, a un dios que no pide templos. Las catástrofes terminan; sus firmas, no. — glosa del Decadiano.