Descendiente de Horus, la justicia y el orden.
El dios de la vieja fe
Horus es uno de los Doce: el viejo panteón de la época mítrica, el que se recuerda como muy egipcio — Thoth, primera y principal, Wadjet la diosa cobra, Isis, Anubis, Osiris, Set, y un dios solar adaptado como Yelmalio—, con sus rarezas mesopotámicas encima, como Tiamat. Lo que Horus aporta a esa lista es una función y no un atributo: la justicia y el orden.
De ahí viene su epíteto. Archonteo es de Archontos, la sede de la Gran Basílica, y el nombre lo fija en el momento exacto en que deja de estar cómodo: la reforma decadiana redujo los Doce a los Diez, y los que quedaron afuera pasaron a los santuarios clandestinos de las zonas rurales. Horus es, en el ciclo presente, un dios de la vieja fe — el que los sacerdotes de la ortodoxia como el Padre Belias abrazan sin preguntarse por los Doce.
Su linaje, que sigue operando
Lo que mantiene a Horus vivo en la crónica no es su culto: es su descendencia.
Latea —Alatea— es hija de Horus, y es Apkalu de los registros: la mujer de cabello blanco y cabeza de águila que guarda el plano akáshico, la que anota lo que pasó para que no pueda ser desdicho. Cuando se la presenta, la crónica la define por el padre: «es descendiente de Horus, la justicia y el orden» — y la espada de la pared es herencia familiar. Que la guardiana de lo que no puede ser desdicho sea hija del dios del orden no es casualidad: es la misma función, un piso más abajo.
En otra punta del archivo aparecen los cuatro hijos de Horus en su forma más concreta y más siniestra: las caritas talladas en las tapas de los vasos canopos de platino, cargados a escondidas en una mula, con los restos de compañeros caídos adentro.
La mano en el cofre
Y después está el episodio que le da cuerpo. Alguien del grupo —probablemente Lotario— comenta, con toda naturalidad, que él le cortó la mano a Horus y la guarda en un cofre: se la sacó antes de que intentara su muerte en la Torre de París.
Es la marca de esta época sobre los dioses viejos. No se los niega: se les corta una mano y se la guarda.
«Un Horus»
Conviene registrar una forma de hablar que aparece en el cuaderno y que cambia lo que Horus es. Cuando se discute cómo llegar al santuario del plano de energía positiva, lo que se anota no es Horus sino «un Horus»: «un Horus puede ayudarlos, aunque ese llore sea tan poderoso», en el mismo bloque donde se propone que los Reguladores deban convertirse en Apkallus para preservar los conocimientos. Horus funciona ahí como categoría y como cargo —algo en lo que se puede convertir alguien—, no como un individuo. Es exactamente el mismo movimiento que el archivo registra para el Apkalu: un oficio antes que una persona.
Vínculos
- Latea la Akáshica — su hija, Apkalu de los registros.
- Apkalu — el oficio en que su linaje sirve.
- Iglesia Imperial — la que redujo los Doce a Diez.
- Padre Belias — sacerdote de la Década que no pregunta por los Doce.
- Lotario — el que guarda su mano en un cofre.
- Vasos canopos de platino — sus cuatro hijos, en las tapas.
En el papel
C67 p34 — «Un Horus puede ayudarlos […] Tal vez los Reguladores deben convertirse en Apkallus para preservar los Conocimientos», junto al santuario del plano de energía positiva y al Lago Victoria como fuente del Nilo.
[R] — Advertencia de lectura, importante. El nombre Horus aparece en más de noventa páginas de los cuadernos, y casi todas pertenecen al estrato académico, no a la crónica: son notas de la investigación doctoral sobre el Antiguo Egipto — la Contienda de Horus y Seth, Frankfort, Campagno, Dumézil, Meeks, Lichtheim, y el propio trabajo La vejez de Ra y la juventud de Horus—. No deben leerse como canon diegético. Lo que esta ficha asienta sale de la prosa jugada de CFA y de Ardis Vala, y de C67 p34. Pendiente de cotejo con el cuaderno físico.