Presentación
En la biblioteca del viviseccionista, entre tomos que no eran tomos sino cristales sólidos e ilegibles sin un lector —Los diecisiete usos de un troll muerto, La primera guerra de los Antiguos contra los trolls, Los principios de la atracción maldita—, había un pergamino con un conjuro que no figura en ningún libro: los Grilletes de Écate.
Los firmó Priscus Pulker de su puño: el fundador al que un panfleto imperial retrata como un hechicero necio que traicionó la confianza personal del emperador, jorobado, de aliento fétido, con una fascinación mórbida por la muerte — y del que descienden, por su nombre, los priscianos. Que su obra estuviese ahí abajo, en el santuario de una criatura de otro cielo, dice del subsuelo de Ardis_Vala más que cualquier mapa: los saberes bajan, cambian de dueño, y esperan.
Es una prisión. No una atadura ni un enredo: una prisión con nombre de diosa, que sujeta a quien no puede quebrarla y la deja sujeta el tiempo que a la diosa le parezca. Que la potencia que sujeta se llame Écate en este pergamino y Heka en la teología que se predicaba dos niveles más arriba no es una contradicción del archivo: es la misma fuerza con sus dos caras, la magia primera que a todos afecta y la señora de la Balanza que decide quién queda atado. En un mundo donde la deuda se cobra en almas y todo trato termina en un fiel de balanza, un conjuro de la casa de Écate no es un conjuro de combate. Es un instrumento de acreedor.
Ver también
- Écate — la potencia de dos caras: la magia primera y la señora de la Balanza
- Hecate — la línea troncal de la diosa a través del ciclo
- La_Balanza_del_Juicio — la balanza ante la que se paga; la otra cara de estos grilletes
- Priscians · Sortianos — la orden que desciende del nombre de Priscus Pulker
- Arcanum_Forge — la forja de los herederos de Prisco, donde su nombre todavía manda
- Psalor Ki — en cuya biblioteca de datacristales apareció el pergamino
- Mega_Dungeon_Arden_Vul — el subsuelo donde los saberes bajan y esperan