
Presentación
“Vara roja, palo enrojecido.” El nombre viene de una fundación con sangre: un francés exiliado, el Sieur d’Iberville, remontó el Mississippi hasta este risco y halló un ciprés todo enrojecido, con cabezas de bestias colgadas —animales, algún dragónido, algún monstruo— que marcaban el límite entre dos tribus, la Houma y la Bayagoula. Sobre ese palo rojo se edificó la ciudad: más de once mil almas, una catedral neogótica de estilo francés —una mini Notre Dame con torretas— porque aquí los exiliados de 1755 trajeron la riqueza de Canadá y la fe católica, y una franja portuaria de plataformas ganadas al río, hoy medio hundidas como una Venecia sin mantenimiento. Es “el barrio de los alquimistas”: según la cuadra se consigue droga, veneno, algodón de primera o coleccionistas de arañas.
Su folklore es de cuchilla: la bruja Kakel Angal —“Kakel” es la risa—, cuyo marido vendió a los hijos por ron y a quien ella decapitó con una cuchilla de carnicero; la buscaron para quemarla y salió indemne, “porque es una leyenda”. La representan los “profesores”: titiriteros de cabina que no enseñan arte alguno salvo el suyo, y que a la vez median en el mercado negro. De noche el barrio se llena de “insectos” — gente rara de carnaval.
El poder detrás del trono
Lo que la gesta de los Profundos descubre al remontar el río es que Baton Rouge está podrida en capas. Arriba, un concilio cuyos miembros se hacen matar entre sí (“no es tan grave — ellos se matan entre sí”, tranquiliza Eligos); un obispo, Thornwell, cuya catedral celebra en realidad misa negra; y cobradores de impuestos de los que se sospecha que son doppelgangers — “a los reales los tienen en otro lado”. A veces amanece un cuchillo clavado con instrucciones sobre qué votar. Abajo, literalmente abajo, los Drow y su diosa araña —“la mayor parte están debajo nuestro”—, la oleada de muertes de prostitutas y marginales (“gente que nadie echa de menos”) usada, sospecha el grupo, para incubar huevos de araña en cuerpos ajenos; un inocente ahorcado por crímenes que siguieron después de su muerte; y en la celda del ejecutado, dibujada con excrementos, la espiral de un dios del caos y el abismo, con una vieja demente que repite: “las aguas crecerán, se llevarán todo.”
Su fauna humana quedó fichada en la crónica: el concejal Mr. Tory, traficante de bestias guardianas, que vivía en un barco colgado de una grúa sobre el fango, hinchado de agua y podredumbre, custodiado por mantícoras y por los Mauríes/scum del río; Eligos, el fixer mago de las fiestas de máscaras; Antwerp, el coleccionista de arañas de la mansión sureña, con su drider disecado en el lobby; el posadero Tarquino de The Crook’s House —la casa torcida—, degollado a traición por Doc Hawk con el rostro de un Profundo y devuelto a la vida por los mismos a los que incriminaron; y la guardiana drow de la plataforma local, una tal Sarita, que nadie llegó a ver.
Notas
Ya existía en GLOSARIO como stub; ampliada con datos de jornada y con la crónica de la gesta (consolidado de mesa 2013). Fenómenos activos: muertes selectivas en barrios pobres; transformación mágica incompleta (pigmentación perdida, venas visibles — el asesino de piel traslúcida del barco de Tory); Mauríes en galpón portuario; la leyenda de Kakel Angal.
Ref.: el archivo (Baton Rouge).