«Yo soy una enana que quería volver a visitar a los primos.»
Presentación
Azidem es una enana de la nieve que apareció en la planicie blanca, sola, con raquetas, garrote y daga, en el peor momento posible: dos ataques en menos de ocho horas, treinta trineos nerviosos y dos capataces que ya no creían en el azar. Un explorador de la caravana la trajo como espiando; ella dijo que venía a ver si su primo estaba vivo en la vieja morada de su gente, al norte, y que había encontrado todo tomado: puertas enormes forzadas, actividad, orcos y peor. Había leído, dijo, una historia sobre unas minas tomadas por la sombra, y la comparación se le notaba en la cara.
Así presentó entonces su necesidad. La revisión de lo sucedido en la atalaya reveló después un interés que había ocultado: su cooperación tenía un precio. Pero conoce el terreno: sabe que entre el camino y los Salones hay una atalaya de seis pilares con curaciones antiguas, y sabe cómo eran por dentro la recepción, las forjas y los niveles bajos de la morada. No conoce ninguna entrada secreta. Con eso alcanzó para que la compañía de Sogol dejara la caravana y la siguiera al norte con dos trineos.
Lo que contó junto al fuego
En la noche de la atalaya, Azidem contó lo poco que sabe y lo mucho que teme. Que es del clan de los primos de la escarcha, aunque hace tiempo se dedicó a viajar, hasta por las tierras de Caloria. Que los gigantes volvieron inhabitable la región hace mucho: las salas y los palacios de los enanos quedaron abandonados, y las armas especiales que su gente había forjado contra los gigantes —recuerda el nombre de una, una guija o guijón de un tal Ray Thorn— se perdieron o quedaron guardadas en las minas, que salían de los Salones hacia distintos lugares y que hoy deben estar bajo kilómetros de hielo. Que no hay entrada secreta, pero que por las minas se entra por un lado y se sale por otro. Y que su primo, si estaba ahí, habrá defendido hasta lo último su orgullo.
Alguien de la compañía le dijo en la cara que no le creía —que no sabía si el primo existía, o si ella había estado ahí alguna vez—, y todos la miraron. Azidem no se ofendió: yo los estoy acompañando y diciéndoles todo para que puedan llegar. En los Salones exploró un acceso estrecho y dejó preparado el paso.
Los cinco mil y la puerta preparada
Dandy reconoció la actuación del pariente doliente. Al interrogarla, los compañeros supieron que le habían prometido cinco mil monedas por acercarse a ellos, reunir información e informar al gigante que hablaba enano, Sidqa de Ascalón. El informe incluía los treinta trineos y la carga de obsidiana.
Descubierta y atada, intentó escapar y volvió a quedar bajo control. Su conocimiento siguió siendo útil: cooperó en el acceso a los Salones y transmitió el reclamo de la semilla. Que hubiera vendido información no demuestra que toda su historia familiar fuera falsa; haber colaborado después tampoco borra la venta.
Vínculos
- Los Salones de la Escarcha — la morada de su gente, tomada
- El Cuentapiedras — el gigante de la casa de los primos de él
- El camino de Mertylmane — donde apareció
- Caloria — el reino del que los enanos fueron aliados y se retiraron
Apariciones
- Gesta viva de Sogol, jornada cuarta — la aparición en la planicie; la guía hacia la atalaya y los Salones.
- Jornada quinta — lo que contó junto al fuego; la duda de la compañía; la exploración por su cuenta.