Presentación

Verónica es la hermana de Chisman [¿grafía? — el archivo la trae también como Chismas], y estaba muerta. Murió en la explosión de la pizzería de Little Italy, donde se preparaban los pasteles de su fiesta de quince: entre las bandejas había una garrafa de ambrosía, y la ambrosía no perdona la cercanía. Llegaba en bicicleta cuando estallaron los cristales. Ésa es la versión que el mundo conserva, y es la única que el mundo va a conservar.

Pero los buscadores dieron, por primera vez, un paso para atrás en el tiempo: una semana exacta. La operación fue quirúrgica, calculada para producir la menor anormalidad posible —vieron venir la bicicleta, se midió el punto justo, clic, clic, clic— y la sacaron por la ventana en el instante mismo en que los vidrios reventaban hacia afuera. La llevaron al único lugar resguardado que se les ocurrió: el departamento de Queens, el del pliegue en el tiempo y las siluetas de tiza en el suelo. Nadie deshizo su muerte: la desplazaron. Verónica quedó del lado de acá siendo, ella misma, una anomalía temporal —alguien que tenía que estar muerta y no lo estaba—, y el mundo, que corrige, mandó a corregirla.

Vinieron a buscarla. Primero fue el tiempo lo que se puso raro: los pasillos se alargaron, las ventanas se fueron de lugar. Afuera había alguien de túnicas verdes que parecía verlos, y que después atravesó las paredes; firmó su amenaza —esto no va a pasar desapercibido, van a tener que pagarlo—. Se resistieron, y el precio fue enorme: una bala de parábola no euclidiana le pegó en la nuca y lo dejó en túnicas —la túnica quedó un día atrás—, pero la bala no paró de acelerar, y una bala que acelera al infinito tiene la masa de quebrar el mundo. Antes de que aquello se cerrara sobre la realidad apareció una guadaña, convocada por algo que no podía permitírselo. El muerto era el guardián: el Doctor Metrópolis. Alguien murió… es una forma que toma la ciudad: eso dijo, y se fue.

Y quedó la túnica. En el baño del departamento, la chica hablaba y se reía con alguien que no estaba —la habían tomado por perturbada, y estaba acompañada—. Corrió la ducha, salió alguien, y ella quiso cubrirlo con la túnica. Después la túnica se la dieron a ella. Se la puso, y se fue. Le ganó a lo suyo: con el manto nuevo dejó de ser mala, y dijo que estaba bien. El lugar del guardián caído lo tomó la Dama Esmeralda, la figura de túnicas verdes que atraviesa los muros como si la piedra fuera niebla, la forma que toma la ciudad cuando el que la cuidaba ya no puede. Y la realidad se alineó: no vinieron más guardianes; aquel evento no debió pasar, y ya no pasó. Su hermano se enteró una semana después de que la pizzería había quedado destruida —pero él sabía que ella estaba viva—. Todos la creen muerta; se fue por ahí con una túnica verde y cambió de identidad. Son la misma: la chica que tenía que morir y la dama que vela la ciudad. El manto no cayó sobre una desconocida.

Ver también

  • La Dama Esmeralda — el manto que toma; es ella, y esta ficha es su nombre anterior
  • Chisman — su hermano, el pizzero de la casa Animal, por quien se la fue a buscar
  • Metrópolis — el guardián caído cuyo puesto queda vacante y cuya túnica hereda
  • New York — la ciudad viva de la que la Dama es la forma encarnada
  • el Mono Blanco — de cuya arma de servicio salió la bala no euclidiana que mató al guardián
  • Akasha — quien hace posible el paso hacia atrás en el tiempo
  • Earth-212 — el mundo cuyos guardianes persiguen las anomalías como ella