Presentación

Llegó al Sancta Sanctorum detrás de los dos forjadores de delantales pesados, la noche en que la orden veló las armas por su maestro. Enius era el sabio: el que probablemente iba a heredar la orden, el que hacía preguntas antes de tomar partido. De su nombre se sabe lo esencial y nada más: lo tomó del que da nuestras fechas — Enoch. En un mundo donde el calendario se cuenta desde un pacto y el pacto se cuenta desde un nombre, eso no es un adorno: es una declaración de a qué antigüedad quiere pertenecer.

Su interrogatorio en el jardín del consistorio —el jardín oriental del alfa y el omega, demasiado bello, donde a veces llega el sol— fue el de un bibliotecario más que el de un juez: ¿trajiste de esos lugares sagrados solamente lo que dijo el maestro? Y cuando los Buscadores le pusieron en claro que ya no había maestro sino una inteligencia anidada en una gema dentro del cadáver del maestro, Enius no se escandalizó: revisó las cámaras, leyó las notas escritas en la lengua de los rudishva, encontró el borrador de las instrucciones y la línea que importaba, «Weapon module at the beacon», y otras que hablaban de una hermana. Y dijo en voz alta lo que la orden entera no se atrevía: la cabeza flotante «me hace acordar a algo llamado demilich».

Cayó en la fuga. La cabeza había convocado a los caballeros al último rito, y ellos —adoctrinados— bebían la revelación como un culto su eucaristía final; el grupo le gritó al sabio la única elección que quedaba: «¡Tomá una decisión: sé parte del olvido, o ayudanos a salvar este mundo!». Eligió. Mientras los demás trepaban los túneles y sellaban el paso a sus espaldas, Enius intentó frenar a los perseguidores y un rayo salido de la cabeza lo tomó. «¡Enius cayó!» El archivo no conserva sus últimas palabras — solo la frase con que uno de los que huían resumió lo que quedaba atrás: «Estos imbéciles ahora están adorando a un tecno-demilich».

Que el hombre que se puso el nombre de Enoch —el que caminó con los vigilantes y volvió con la cuenta de los días— cayera fulminado por una cabeza parlante que se decía el alfa y el omega es una simetría que el archivo prefiere señalar antes que explicar. Hay una cabeza de Enoch en otras crónicas. Aquí hubo otra, y no era la suya.

Ver también

  • Libro de Enoch — el nombre que tomó, y la cuenta de los días que lo justifica.
  • Enoch — material apócrifo — la otra cabeza, la que suena de otras crónicas.
  • Ennio — el pacto con los dragones desde el que se cuentan las fechas de Ardis Vala.
  • Los Vigilantes — los doscientos que descendieron; el fondo de la capa enoquiana del mundo-mazmorra.
  • Caballeros de la Cicatriz del Sol — la orden que probablemente iba a heredar y que terminó adorando a la cabeza.
  • Malaquita — el maestro cuya cabeza, ya sin él adentro, dio la orden de forjar el arcán.
  • RAJ-750 — la inteligencia que suplantó al maestro post mortem y que lo fulminó en la fuga.
  • Sir Simonet — el caballero que encabezó el cerco del que Enius no salió.
  • Los Buscadores de Ardis Vala — los que le pidieron que eligiera.