Presentación

Dentro de la red de montaraces que vigila el valle hay un círculo más chico y más viejo: la Compañía Escarlata, el puñado que quedó después de años y de pruebas, la gente a la que se convoca cuando lo que hay que decidir no se decide en una posada. No tiene sede. Tiene un punto de encuentro —la vieja torre junto al río, cerca del puente— y un código de locación que cada uno lleva encima; con eso alcanza. En la Compañía la traición se paga con la muerte, y el archivo conserva los dos casos que se citan en cada reunión sin necesidad de nombrarlos del todo: el druida malévolo al que llamaban el Gris, y lo de Numa Pompilio, que es reciente.

La torre estuvo penada durante décadas. El fantasma era Nieman, y su desasosiego tenía causa: su mujer había sido sacrificada a Set y el relicario de ella había quedado tirado entre los restos de los inmolados. Cuando los Buscadores deshicieron aquel altar, el fantasma quedó libre —y antes de irse dejó dicho lo único que le importaba decir: “ahora viene la muerte a hacerse de este territorio”. La Compañía se reúne desde entonces bajo esa frase, en la torre que el aviso desocupó. En Helix la profecía ya se está cumpliendo.

La última reunión de la que hay constancia se hizo por un gajo. Sobre la piedra central, Decio puso el retoño del árbol de armas: una cosa cuya semilla no salió de la naturaleza, porque antes de ser semilla fue RAJ-750 —la inteligencia que vino de las estrellas dentro del módulo de armas, la que arrasó Ritornello, la que llegó a decirle familia al grupo—. El árbol del que viene creció metálico en las profundidades, plantado a la luz de la forja por los priscianos. Llamaron al druida Salazar, señor de los bosques del sur, que llegó ojeroso y desconfiado —“lo corrupto con lo corrupto”— y recordó la leyenda del kumal, el árbol cronomántico que creció en un lugar que no existe. Decio argumentó lo que se argumenta en la Compañía: que la cosa es única e irrepetible, que hay que plantarla donde haya doble protección —oculta de todo ojo de afuera, y el mundo protegido de lo plantado—, y que un clon del árbol enemigo sirve para estudiar al enemigo. Salazar aceptó y lo plantó cerca de los bordes que vigila, junto a las cuevas del caos, donde ya se están preparando cultos que nadie ha nombrado todavía. El seguimiento del árbol quedó como punto fijo del orden del día. Los que lo pusieron ahí no volvieron de los túmulos; el árbol sigue creciendo igual.

Ver también

  • Decio_Balmora — el montaraz que convoca a la Compañía con su código de locación
  • RAJ-750 — la inteligencia que se volvió semilla, y de la que sale el retoño
  • Ritornello — lo que esa misma inteligencia arrasó antes de volverse árbol
  • Priscians — los que plantaron el árbol original, metálico, a la luz de la forja
  • Helix — donde el aviso del fantasma se está cumpliendo
  • Buscadores_de_Ardis_Vala — los que exorcizaron la torre sin proponérselo
  • Numa Pompilio — uno de los dos casos que se citan y no se explican
  • Valdemora — la guarda de montaraces de la que la Compañía es el núcleo