Bala
Que el viajero no busque a Bala en los caminos: Bala no está al final de ninguna ruta, sino adentro de una piedra. «Un mundo que estaba dentro de una gema» — así lo dicen los que llegaron, y llegaron porque no les quedaba otro lado adonde ir.
El mundo en la gema
Bala es «un cristal, un valle»: la materia del lugar y su contenedor son la misma cosa. Los que miran más lejos afirman que es la primera capa del mundo Amoria —«Amoria» es también el nombre que le dan los poetas más esperanzados al mismo territorio—, y que Amoria tiene «varios layers de mundos posibles» apilados. Bala es la capa que da al horizonte, ese horizonte por debajo del cual «están caminando una tortuga gigantesca».
No siempre se llamó así. Antes de ser Bala fue Atas, y entonces era un fondo oscuro guardado en el plano negativo. De lo que hoy se pisa, los registros fijan un solo rasgo: plazas de piedra que se recorren caminando y que impresionan «como si fuese un mundo muy activo». También se lo nombra Bala Cristales, Ardis Bala y Balacan; el lugar es uno solo — no hay más de un Bala.
Cómo se llega, si es que se llega
Nadie viaja a Bala por gusto. Se llega por migración: cuando dos planetas se destruyeron, los supervivientes huyeron y Bala los recibió. Se llega también por caída: un sable cayó en Bala al completarse una gesta, desde arriba, como caen las cosas que el cielo suelta. Y el cielo mismo lo señala: las cuatro estrellas de la Cruz del Sur «se proyectan hasta un lugar que da al actual territorio de Bala». Entre los pocos que llegaron a conocerlo por su propio pie se cuenta Sheridan.
El bache de Lucifer
Bala es un refugio, y es una excepción. Lo creó Lucifer en el cristal «con magia probablemente con influencia dual», y las voces del archivo lo llaman sin rodeos «un bache de Lucifer»: un mundo de escape para extraños y supervivientes, el lugar adonde se cae cuando no queda otro.
De esa dualidad viene la disputa más vieja entre los que lo comentan. Una escuela sostiene que el infierno está conectado con Bala, siendo cosas distintas — y de hecho la conexión se usa: por ahí se invocan criaturas infernales. Otra escuela va más lejos y dice que Bala es el infierno, «o que es el infierno», según desde dónde se lo mire; según esa perspectiva, se está simultáneamente en Arden, en Bala y en el infierno. Este cronista consigna las dos versiones y no arbitra entre ellas: el diseño es el mismo en ambas — un refugio hecho en material oscuro, reconvertido.
Las siete casas y la ley nueva
Las tierras fabulosas de Bala las hacen siete casas, y sobre las siete gobierna una: la Casa Azul. De las otras seis, los registros callan el nombre y el territorio.
La ley de Bala es propia y es reciente. «¿Qué pasó en Bala? Que no tenía estas reglas hasta hace unos nacidos» — el mundo funcionaba de otro modo hasta hace pocas generaciones, y algo lo cambió. Su origen y su ley están consignados por escrito en la Génesis de Bala, texto de fundación con una particularidad rara entre los libros de mundo: es transportable. Se lo lleva uno consigo, como quien carga el acta de su propia tierra.
Lo que se anuncia
Queda dicho en los registros, sin fecha y sin capa, que la región de Bala «se aniquila». Si eso ya ocurrió, si está ocurriendo o si es porvenir, el archivo no lo fija. Pero conviene medir lo que significa: todo lo que sobrevivió a la destrucción de los dos planetas depende de que Bala exista. Su desaparición no sería la pérdida de una comarca sino la de un mundo entero en su capa habitable — el punto donde convergen la cosmología de Amoria y sus capas, la astronomía de la Cruz del Sur y la teología de Lucifer.
Advertencias del baqueano
Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. Primero, la escala: Bala aparece a la vez como mundo entero dentro de una gema, como capa de otro mundo, como región de siete casas y como «bache» de bolsillo. Puede que sean niveles anidados del mismo objeto, como cajas dentro de cajas; puede que sean relatos que no cierran entre sí. El que pregunte, que pregunte cuál Bala le están describiendo. Segundo, el nombre: unos escriben Bala, otros Vala o Vala Cristalis, y los escribas no se han puesto de acuerdo en cuál es la forma recta; se habla además de «las antiguas balas» —objetos o entidades así nombrados— sin que nadie haya establecido qué son ni qué deuda guardan con el lugar. Tercero, lo que falta: de Bala no se conoce clima, luz ni tamaño; no se sabe qué se ve del cristal desde adentro, ni si el horizonte con la tortuga se ve o solamente se sabe; no se sabe qué casa ocupa cada plaza de piedra, ni qué contiene la Génesis de Bala, ni quién la escribió, ni cuáles fueron «estas reglas» que llegaron hace unos nacidos. El archivo no lo establece, y este cronista no lo va a inventar.
Véase además: Lucifer · El infierno · Casa Azul · Sheridan
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.