
Presentación
En Estellara la saludan con cautela, que es la forma que tiene el miedo cuando además necesita algo. Baba Iliana es la herbolista del pueblo, emparentada con los comerciantes gitanos: de los pocos, en toda la desolación, que saben andar entre las brumas y volver. Los parroquianos la conocen como atadora de hombros y de profecías —cura lo que se descoyunta y lee lo que todavía no pasó—, y hace medio siglo que pregunta a todo forastero si sabe de una banda de músicos que se perdió. Entró a la posada del jabalí pintado la noche en que cinco caminos se cruzaron, miró a los recién llegados y dijo lo que dicen las viejas cuando quieren que uno se acuerde de la fecha: «No es casualidad que esta noche sea de luna llena y de muérdago». Y los invitó: cuando quieran pasar por mi cabaña, tal vez pueda darles la fortuna.
Fueron a medianoche, bajo la luna llena, y la fortuna no era fortuna. Baba Iliana no leyó nada: transmitió. Esa noche la había visitado una pantera, y el mensaje venía del amigo oscuro de ellos — «él es el que corta el bacalao acá». El recado era una alternativa exacta y sin adorno: ustedes llevan algo que le pertenece a la tierra, un cristalito rojo, y van a tener que elegir. Vida es plantar la semilla. Muerte es no plantarla — y la muerte tenía centro, tenía nombre y tenía radio de una milla. Los Buscadores no le entregaron el cristal, pero salieron hacia el barranco esa misma noche, bajo lluvia helada y viento. Cuando el mensaje sale de una cabaña y no de un trono, igual se obedece.
Lo otro que dijo esa noche no era un recado: era cosmología, dicha como quien menciona el clima. Sobre las brumas y sobre todo lo que llegó con ellas:
«No es que vinieron. La tierra vino. Vino con gente. Pero había otros que ya estaban. Y otros que vamos y venimos.»
Es la frase más corta que hay en el archivo sobre lo que le pasó al mundo: que no fue una invasión sino una mudanza; que el suelo mismo se trasladó con su gente encima; que había anteriores; y que existe una tercera clase —la suya— que ni llegó ni estaba, sino que va y viene. Los que van y vienen por las brumas son los que cargan los mensajes de los que no pueden salir.
Hay un hilo que el archivo tiende y no cierra. La Bruja de los salones —Deino, la que hizo hombres-bestia de las cohortes perdidas— es sierva de Baba Yaga, y por ese lado el arquetipo de la vieja de la cabaña ya estaba en Ardis Vala mucho antes de que llegaran las brumas. Que la mensajera del señor del dominio se llame Baba puede ser el nombre común de las viejas en boca de los gitanos, o puede ser el mismo linaje entrando por otra puerta. El archivo consigna la coincidencia y no la resuelve. También consigna, sin resolverlo, que quien la oyó nombrar entre el ruido de la posada la anotó Baba Ileana, con la e cambiada de lugar.
Ver también
- Estellara — su pueblo y su posada, junto a la desolación; allí figura ya, entre las gentes del lugar, como la que lee destinos.
- Valakhan de la Bruma — el dominio del que es intermediaria; la tierra que vino con gente.
- Caladan — el «amigo oscuro» cuyo mensaje trajo la pantera hasta su cabaña.
- Baba_Yaga — el arquetipo de la vieja de la cabaña; el hilo está tendido, no cerrado.
- Lady Deino — sierva de Baba Yaga en el mundo-mazmorra: la otra bruja de Ardis Vala, anterior a las brumas.
- RAJ-750 — el cristalito rojo que, según su recado, le pertenece a la tierra.
- La Forja del Arcanum — donde acabó plantándose la semilla que ella mandó plantar.
- Los Buscadores de Ardis Vala — los que no le dieron el cristal y salieron igual esa misma noche.
- El dominio de las brumas sobre Ardis Vala — el marco de lo que ella explica en una sola frase.
- Vala_Cristalis — lo que enquista en cristal aquello que no debería existir en una tierra que vino de otra parte.